La decision de tomar un camino, un viaje, un paso, un respiro profundo, una caricia, una charla, una mirada, una taza de cacao, una llamada, una aventura, un momento en algún lugar, nunca había dejado tan claro el efecto acción//reacción en mi vida, así como la inmensa desproporción de la relación miedo al decidir con respecto al miedo a lo que sigue después de haber tomado una decisión, en lo que a mi respecta he podido identificar que el miedo mas grande, al menos en mi, se trata del miedo al vacío que deja tanta abundancia de emociones y procesos en un sistema libre y efímero, a la sacudida de suelo, a no volver a ser el mismo sin embargo volver y ser el mismo, y a sentirme y/o recordar que estoy solo, no como algo bueno o malo, solo como una -condición- que a veces es desagradable a algunos sentidos. En ese proceso de identificar el miedo como el gran saboteador de mi esplendor ha sido una verdadera batalla entre mi mente y mi corazón, entre la forma de mi presente y el fondo de mi pasado y más allá… de lo que ancestralmente soy en este universo. Estirando y aflojando, “controlando” y soltando, amando y odiando, recordando y olvidando, pero; lo único constante… transformando.

En el intento de definir el camino como una elección consciente, me parece fascinante la ilusión de control sobre las experiencias, sobre los procesos y el reconocimiento de heridas que de forma superficial la mente mantiene flotando en esas aguas turbiamente claras, pretendiendo que el fondo no es tan profundo, que la verdad es muy simple y que no es necesario sumergirme tanto, porque al menos en la superficie se puede jugar, se puede reír, convivir con otros seres en la misma ilusión de que solo somos lo que vemos y como nos presentamos: azules, verdes con puntos rojos, grandes, pequeños, audaces, tontos, sonrientes y enojados… siempre “en control” … La verdadera diversión inicia cuando se inhibe ese mecanismo y ese ser que ha estado ahí, olvidado, oculto por él mismo comienza a mostrarse lo que ha pasado todo este tiempo, como el miedo ha logrado expandir su territorio y ha creado toda una armada de escuderos que todo lo que hacen es proteger lo que no necesita ser protegido, esa serie de barricadas llenas de facciones, mascaras, nubes, armas que ya es demasiado costoso seguir manteniendo y cansado seguir cargando, es en ese punto cuando duele demasiado, es tan grande el dolor de haberse ocultado a uno mismo que comienza a generar una siempre negada culpa religiosa, esa culpa de la cual todo parece irreversible, donde el castigo es el único método que conocemos para lidiar con haber lastimado a algo tan puro y hermoso como uno mismo …

… En la lucha por sobrevivir al castigo de ver de frente al verdadero yo, olvidado, lastimado y aparentemente sin amor y que esa gran pantalla de fuerza, de tenacidad en la vida, de risa ante la desgracia e impaciencia ante la debilidad solo ha dido una cápsula templada por el dolor y el miedo. De repente sale esa luz que yo reconozco como Dios y como yo al mismo tiempo, y me recuerda la lección más valiosa de mi vida: Todo ha sido por amor. El amor en su más pura e indefinida forma, el cual en el intento de la mente por cuidar lo mas hermoso del universo, consideró necesario encapsular a Dios, envolver la luz para que nada la lastime, todo fue un acto de inocencia de esa parte animal que vive en mi como un Tigre que ha resguardado la pureza y lastimado inocentemente la vida, que ha cazado cada amenaza, que ha tomado ventaja sobre los otros seres de la creación con la intención de seguir protegiendo y cuidando de sí mismo, el ha vivido excluido con esa belleza incómoda que vibra en su existencia, el que ha sido astuto para ver lo imperceptible y tan tonto para ignorar los signos más obvios de amor, entonces; llega el perdón. Ese perdón tierno y compasivo que hace decenas de generaciones no reconocía, en ese perdón donde comprendí que la mimesis de esas caras creadas se fusionaron con el espíritu del Tigre, la libertad con una manipulación teñida en la misma tela, la dignidad y derecho de ser con el orgullo, la generosidad y abundancia disipada por la lástima y la carencia, la lealtad condicionada por la necesidad, la confianza y fortaleza viviendo con la búsqueda constante de reconocimiento y la belleza y precisión  filtrada por el juicio y el control.

Los recuerdos salen, la piel duele, los nervios tiemblan, las lagrimas no salidas buscan su cause hacía el mar más cercano y más libre que pueda existir, no es posible controlar más, ni las visiones, ni la intención, mucho menos las palabras, porque las armas ya cayeron, el corazón está sublime, expuesto y eso esta bien, porque la mente descansa y vuelve a su función de locomotora más ya no la de un Dios que todo lo puede y todo lo sabe, es cuando las plumas comienzan a salir… quieren ser y ya, solamente ser, convertirse en aire con luz para mi corazón, trascender y volverse sonido, vibraciones, nuevas palabras, música, pintura, arquitectura, belleza de mi hacia el universo, universo hacia mi belleza. Más perdón, más compasión, amor infinito, compasión infinita, por mi, por mi hermana y mi hermano, mis hermanos y hermanas del mundo, mis padres, mis amores, mis amigos, mis maestros y lo que no tiene forma también.

El camino sigue, las plumas seguirán saliendo, seguirá doliendo renacer y a veces asfixiante el cambio de piel, seguirá el miedo creyendo que tiene un lugar en este Tigre, pero; la pequeña gran diferencia es que esta vez lo reconozco y lo veo de frente, con la energía de la serpiente que vive en mi, con la responsabilidad de sublimar la opresión de la luz, liberar a la madre que soy y que tengo, conectarme a los otros seres con el corazón y no con la apariencia, jugar con la naturaleza y su divina tecnología, para que el mundo físico sea una matriz de nuevas generaciones, conscientes, abundantes, luminosas viviendo el gozo trascendente.

Shakti- Carlos Sánchez - Fragmento de Acrilico / Collage / 2016

Shakti- Carlos Sánchez – Fragmento de Acrilico / Collage / 2016